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Nuestra Historia La peña
Sarmiento tiene una historia discontinua marcada por dos etapas bien
diferenciadas con un tiempo intermedio en el que sus actividades han quedado
interrumpidas. Primera Etapa (1958-1963) La primera etapa arranca en 1958, año de su
fundación por parte de 10 jóvenes cangueses, y llega hasta 1963, año en el que deciden poner
fin a sus actividades como peña, al parecer, y según ellos mismos reconocen,
por culpa de las mocinas. Parece ser que los asuntos de faldas ocupaban
todo su tiempo libre. La fundación de la peña tuvo que ver con la
inquietud y el interés de unos chavales en participar más intensamente de las
fiestas y contribuir de alguna forma a su realce y esplendor. Los componentes de aquella época, algunos ya
fallecidos, fueron: Ángel Álvarez “Dupont”, José Manuel Fernández “Jose el de Pablo”, Jesús
“Susi” Montoto, Ángel Gancedo, Julio Gancedo, José Hidalgo
“Jose el barbero”, Pipo Rancaño, Paco “el extremeño”, Rafael “el moro” y Víctor
Vega.
Componentes
de la Peña Sarmiento en el momento de su fundación. De pie de izquierda a
derecha: Paco el estremeño, Julio Gancedo, Pipo Rancaño, Jose Pablo, Ángel Dupont y Susi Montoto.
Agachados Jose el barbero, Victor Vega, Ángel Gancedo y Rafael el moro del Cascarín. La cuota que pagaban era de unas 25 ptas. El fondo
se destinaba a comprar los voladores a Pablo, unas 12 docenas más o menos, y a encargar una tarta con el nombre de la
peña. Este encargo en los primeros años se hacía en la confitería de Rey y
posteriormente en la confitería Formentor, en cuyo escaparate permanecía expuesta unos días
antes. La cena anual y la tirada de voladores a mano se
realizaban el 21 de Julio, víspera de La Magdalena, desde La Viña Blanca,
pasando después a la Campa del Conde, actual lugar de emplazamiento. En aquellos años, finales de los 50 y principios de
los 60, además de la centenaria Sociedad de Artesanos encargada de la
organización de “La Descarga”,
nuestra peña compartía esfuerzos con El Arbolín y La Forca, que desde el Fuejo y el Cascarín disparaban
sus voladores. Muchas fueron las anécdotas de aquella primera
etapa, de entre ellas rescatamos la de la pérdida de uno de sus componentes.
Era la noche del 15 en La Cogolla, tras la cena, ya bien “fartos”, el “aviador” se tumbó en la campa a dormir
“la mona”. Cuando lo echaron en falta se inició la búsqueda, pero con la tenue
luz de un farolillo poco se podía hacer. Hasta que uno de ellos tropezó con un
bulto y de esa forma apareció el “perdido”. |
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