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Nuestras
Anécdotas
La
Matahari Dos conocidos miembros de
la peña, Oscarín y Lolo Paniagua, todos los años en la cena del 15 recordaban
su pasado africano en La Legión y con el mantel a modo de chilaba y un turbante
improvisado, al son del tamboril y del cornetín, simulación a cargo de algunos
compañeros, bailaban y cantaban una danza marroquí a la que bautizaron como La
Matahari. Mientras los sones árabes irrumpían en la noche mágica, un gran
pellejo de vino corría de mano en mano, era la llamada “Chata de Jartum”. El
pitote Una tarde calurosa del
día del Carmen, apostados en el Lagarón esperando
LA DESCARGA, llegaron unos periodistas para entrevistar a algún miembro de la
peña. A la pregunta de ¿Cómo es un volador? Avelino comenzó una disertación que
hizo enmudecer a los presentes. Con mucha gracia y desparpajo, y un “punto”
alegre que duraba del día anterior, comenzó la descripción. Cuando llegó a la
mecha sus palabras fueron más o menos así: protuberancia inferior, próxima a la
varilla y que saliendo de la carretilla se convierte en una especie de pitote.
Ni que decir tiene el lío que se formó, sobre todo cuando El Patalico tuvo que
traducir todo eso para unos jóvenes ingleses que por allí rondaban. Sólo los
rítmicos barrenos del Voladorón nos obligaron a aplazar el cachondeo y
concentrarnos en lo que nos esperaba. El
vigía de la peña Con el paso del tiempo la
peña llegó a tener toldos propios, tableros y sillas, caseta, etc.
Evidentemente en los días que duran las fiestas esta infraestructura permanece
desplegada en La Campa del Conde y de vez en cuando le echamos un vistazo. Pues
bien, nuestro amigo Milín, harto de que todos los años desapareciera la
bandera, un año decidió mantenerse en alerta máxima. Unos días después del
Carmen en compañía de la señora salieron a dar una vuelta y cuando regresaron a
su casa, él, según las malas lenguas por no resignarse a una retirada tan
prudente, se quedó asomado a la ventana y mirando a la Cogolla advirtió cierto
movimiento en el lugar de la peña. Raudo y veloz pensó que lo mejor sería
avisar al secretario para que subiera desde Santa Bárbara a echar un vistazo.
Imagínense la cara de Avelino cuando a eso de las cuatro de la madrugada suena
el teléfono con semejante encargo, encontrándose él en plena recuperación de
los excesos de días anteriores. Pero la cosa aún fue más grave cuando in situ
comprobaron que el sospechoso movimiento en la Campa procedía de un burro que
por allí pasaba la noche pastando. Chévere
Un año por el Carmen uno
de nuestros socios recibió la esperada visita de su hermana y su cuñado
(d.e.p.) procedentes de Caracas (Venezuela).Naturalmente invitó a su cuñado a
subir a compartir nuestra cena a la Campa .
Éste, un gallego simpático y animoso, había llegado aquel mismo día en vuelo a
Ranón, y desde el mismo aeropuerto directo a la Cogolla ,
donde como fácilmente se imaginará el lector, la algarabía y la juerga iban in
crescendo. Tras una calurosísima acogida, disparó un volador y con ese acento
caribeño tan característico dijo: ¡chico, esto está chévere!, no se donde estoy
pero no muy lejos del paraíso. Querido Ramón hasta donde reposas llegará
nuestro más fraternal y cariñoso abrazo. Nunca te olvidaremos. En
vivo y en directo Cuando aún los móviles no
se habían impuesto con la rotundidad actual, el entrañable Antón de Zaycor
apareció la noche del 15 con uno de aquellos artilugios. Cual Romeo enamorado
marcó el número de su Julieta y tuvo la ocurrencia de narrarle con pelos y
señales lo que allí acontecía. Sin inmutarse ante los improperios y con el
sonido de fondo de nuestras canciones, mantuvo abierta la comunicación hasta
después de los fuegos. Eso es amor y lo demás tontería. Antón
y las camareras Han sido partícipes de la
mayor parte de nuestros eventos. Cuantas veces nos hemos acordado en estos años
de Flor, aquella vasca simpática y campechana que nos hizo reir y a más de uno
sonrojar. Y más recientemente de estas chavalas amables que procedentes de
Rumanía han compartido con nosotros las primeras lecciones de español. No podía olvidarme de
aquella ocasión en que comenzamos la cena en la Campa y
alguien desde un extremo de la mesa reclamó el vino; percatándonos entonces de
que el preciado néctar no había llegado. Cuando pasada media hora llegó Antón
con la barrica al hombro la que se armó fue de órdago. Pero él, sabedor del
sacrilegio cometido, cumplió la penitencia sin rechistar, y una vez cumplida,
para resarcir daños, entonó con prestancia “Rosina la cigarrera”. El
túnel de lavado Hace años, una media
tarde calurosa del 15 de julio, después de dar cuenta de numerosas viandas en
el Reguerón , algunos comentaron la
posibilidad de darse un baño para refrescar. No se les ocurrió mejor cosa que
ir a la gasolinera y sacar una ficha para el túnel de lavado. Ni que decir
tiene que el espectáculo fue dantesco. ![]() ![]() 15 de Julio por la tarde: un
refrigerio Aquellos chorros y
rodillos rociaron y restregaron toda señal de impureza en los intrépidos
bañistas. Mientras los coches y los viandantes se paraban a observar la escena.
Agradecer a FLÓREZ SIERRA el detalle de regalarnos la ficha, aunque tal vez fue
una estrategia de marketing, pues el baño continuó realizándose todos los años
hasta la fecha. Los
maniquíes Esta es una de las más
recientes, ocurrió el pasado Carmen. Sergio, cachondo donde los haya, tuvo la
ocurrencia de recoger unos maniquíes procedentes de la reforma del comercio de
Baratura. Se trataba de tres figuras femeninas que recompuso lo mejor que pudo
y a las que, tras visitar los mercadillos, les compró vestidos al uso, joyas,
gafas de sol y todo tipo de complementos. En contacto con otros amigos de la
peña las subieron a la Campa. Allí las “bautizamos” y se procedió a su
nombramiento como “socias honoríficas”. Con “ellas” compartimos unas fiestas
inolvidables; fueron nuestras parejas de baile, nuestras cómplices y
confidentes, siempre dispuestas a escucharnos y dejarse querer. Cuando, tras
los fuegos, las bajamos a las plazoletas, allí se armó la marimorena. Muchos
fueron los que las solicitaron para hacerse una foto o para arrancarse con
ellas por cumbias, merengues o pasodobles. Al final de la verbena algunos
compañeros solícitos las retiraron a sus aposentos y “ellas”, serenas e
impasibles, en ningún momento dieron muestras de cansancio a pesar del duro trajín
festivo. |
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